
Anoche soñé que te extrañaba, y me desperté llorando. Camino bordeando la delgada línea entre ficción y realidad. Me pregunto si caeré al precipicio. Como hacer para diferenciar lo que es de lo que no. Al dormir pareciera ser que mis manos te alcanzan, nuestros dedos se entremezclan, y mi corazón responde al igual que si estuviera despierto. Sin noción concreta de tiempo y espacio, las sabanas blancas rumbean al ritmo de la brisa nocturna, van envolviendo mi cuerpo que se desdibuja entre la repetición de continuas imágenes que no dejan de estremecerme.
Ojos con lágrimas, cielo tempestuoso. El tiempo establece una dualidad. Pasan las noches y te siento muy lejos, pero a la vez soy conciente de la cercania que nos une. El dolor se mantiene igual. Cómo hacer para creer en aquello que solo puedo ver con mis ojos cerrados, cómo saber si ese mundo que se funda delante de mi es completamente real. Te busco entre la textura de un aire efímero e indefinido, entre representaciones abstractas e imprecisas.
Sentidos apagados, percepciones activadas. Mis sueños abren la puerta hacia lo desconocido. Puedo tantear lo intangible, y junto a mi alma, dejar que las emociones fluyan hacia universos deshabitados. Busco tu sonrisa entre los campos floreados. Sigo de largo, hacia mares lejanos. Paso por constelaciones, planteas y estrellas. Recuerdos que rondan mi vida, retratos del pasado se hacen presentes. Lejos de permanecer quieto en una cama, viajo sin cronología de sueño en sueño. El dolor se mantiene igual.
Volver en sí es la peor parte de la historia. La pesadilla de abrir los ojos y escuchar los susurros de una luna maldita agarrotada en mi ventana, recordándome que sigo atrapado en este plano, en este mundo de cemento y deseos rotos. Nieve en mi piel, suspiros sin consuelos. Trato de resistir este despertar cruel, intentando no quebrarme. Angustia inconsolable. El sonido del silencio arraigado a mis sabanas, brutal y despiadado, me abraza y no me deja respirar. Cómplice perverso, que se vaya lejos de acá.
Anoche soñé que te extrañaba, y me desperté llorando. Camino bordeando la delgada línea entre ficción y realidad. Me pregunto si caeré al precipicio. Como hacer para diferenciar lo que es de lo que no...
El dolor se mantiene igual.
Ojos con lágrimas, cielo tempestuoso. El tiempo establece una dualidad. Pasan las noches y te siento muy lejos, pero a la vez soy conciente de la cercania que nos une. El dolor se mantiene igual. Cómo hacer para creer en aquello que solo puedo ver con mis ojos cerrados, cómo saber si ese mundo que se funda delante de mi es completamente real. Te busco entre la textura de un aire efímero e indefinido, entre representaciones abstractas e imprecisas.
Sentidos apagados, percepciones activadas. Mis sueños abren la puerta hacia lo desconocido. Puedo tantear lo intangible, y junto a mi alma, dejar que las emociones fluyan hacia universos deshabitados. Busco tu sonrisa entre los campos floreados. Sigo de largo, hacia mares lejanos. Paso por constelaciones, planteas y estrellas. Recuerdos que rondan mi vida, retratos del pasado se hacen presentes. Lejos de permanecer quieto en una cama, viajo sin cronología de sueño en sueño. El dolor se mantiene igual.
Volver en sí es la peor parte de la historia. La pesadilla de abrir los ojos y escuchar los susurros de una luna maldita agarrotada en mi ventana, recordándome que sigo atrapado en este plano, en este mundo de cemento y deseos rotos. Nieve en mi piel, suspiros sin consuelos. Trato de resistir este despertar cruel, intentando no quebrarme. Angustia inconsolable. El sonido del silencio arraigado a mis sabanas, brutal y despiadado, me abraza y no me deja respirar. Cómplice perverso, que se vaya lejos de acá.
Anoche soñé que te extrañaba, y me desperté llorando. Camino bordeando la delgada línea entre ficción y realidad. Me pregunto si caeré al precipicio. Como hacer para diferenciar lo que es de lo que no...
El dolor se mantiene igual.








