domingo, 1 de agosto de 2010

Sueños



Anoche soñé que te extrañaba, y me desperté llorando. Camino bordeando la delgada línea entre ficción y realidad. Me pregunto si caeré al precipicio. Como hacer para diferenciar lo que es de lo que no. Al dormir pareciera ser que mis manos te alcanzan, nuestros dedos se entremezclan, y mi corazón responde al igual que si estuviera despierto. Sin noción concreta de tiempo y espacio, las sabanas blancas rumbean al ritmo de la brisa nocturna, van envolviendo mi cuerpo que se desdibuja entre la repetición de continuas imágenes que no dejan de estremecerme.

Ojos con lágrimas, cielo tempestuoso. El tiempo establece una dualidad. Pasan las noches y te siento muy lejos, pero a la vez soy conciente de la cercania que nos une. El dolor se mantiene igual. Cómo hacer para creer en aquello que solo puedo ver con mis ojos cerrados, cómo saber si ese mundo que se funda delante de mi es completamente real. Te busco entre la textura de un aire efímero e indefinido, entre representaciones abstractas e imprecisas.

Sentidos apagados, percepciones activadas. Mis sueños abren la puerta hacia lo desconocido. Puedo tantear lo intangible, y junto a mi alma, dejar que las emociones fluyan hacia universos deshabitados. Busco tu sonrisa entre los campos floreados. Sigo de largo, hacia mares lejanos. Paso por constelaciones, planteas y estrellas. Recuerdos que rondan mi vida, retratos del pasado se hacen presentes. Lejos de permanecer quieto en una cama, viajo sin cronología de sueño en sueño. El dolor se mantiene igual.

Volver en sí es la peor parte de la historia. La pesadilla de abrir los ojos y escuchar los susurros de una luna maldita agarrotada en mi ventana, recordándome que sigo atrapado en este plano, en este mundo de cemento y deseos rotos. Nieve en mi piel, suspiros sin consuelos. Trato de resistir este despertar cruel, intentando no quebrarme. Angustia inconsolable. El sonido del silencio arraigado a mis sabanas, brutal y despiadado, me abraza y no me deja respirar. Cómplice perverso, que se vaya lejos de acá.

Anoche soñé que te extrañaba, y me desperté llorando. Camino bordeando la delgada línea entre ficción y realidad. Me pregunto si caeré al precipicio. Como hacer para diferenciar lo que es de lo que no...

El dolor se mantiene igual.

miércoles, 7 de julio de 2010

(Aunque duela) está bien


Ya no eres quien solía conocer. Quizás pretendí demasiado de tu amor empalagoso. Que iluso fui. No naciste para amar a nadie. Personaje siniestro de corazón de piedra. Tu piel huele a mentira. Cuantas palabras vacías salen de esa boca que tan bien sabe besar. Alma macabra que se encarga de causar dolor. Tus abrazos engañosos me hacían sentir protección, cuando todo alrededor tuyo era destrucción.

Tal vez esperé demasiado de este vinculo. No supiste hacerme sentir luz. Que tonto fui. Si eres un amante absolutamente oscuro. Te arrastras sobre los adoquines en las noches apagadas sin luna ni estrellas. Entre las sombras de aquellos sentimientos más involucionados. Tu piel sabe a desecho. Y tu mirada, igual a la de un ángel caído y malvado, delata quien eres realmente. Despliega tus alas y huye a tu propio infierno.

Chupaste mi sangre y te alimentaste de mi amor. Vampiro cruel. Ve y busca otro tonto a quien romperle el corazón en mil pedazos. Huye entre las nubes urbanas a aquel territorio sin lágrimas ni llantos, donde solo los espíritus malignos encuentran su comodidad. Donde el ardor del fuego te queme eternamente, y los gritos de auxilio no puedan llegar a ser escuchados por nadie.

Saca tus sucias pertenencias de aquí, y soporta el peso de tu propia cruz sin pretender que te tienda una mano. Tu pelo se entremezcla con el viento otoñal. Retira esa mirada podrida de mi vista. No quiero contagiarme. Tu amor es una fuente de energía negativa que por poco termina acabándome. Toma ese tren hacia el nunca más. Y déjalo caer abruptamente por los peldaños de aquella ilusión que alguna vez supimos construir.

Date la vuelta y márchate sin decir adiós. Vete tú y toda tu sarta de farsas. Pedir perdón es subestimar el significado de un sentimiento tan sensible como ese. No lo sigas arruinando. Y si alguna vez, por casualidad, vuelvo a aparecer entre tus espantosos pensamientos, procura eliminarlos rápidamente y dejarlos volar lejos hasta que se pierdan entre las constelaciones del cielo. Hazlo rápido. Fuera de aquí. Aunque duela, está bien.

domingo, 4 de julio de 2010

Mitad mujer mitad sombra


Cuando Francisca quiso prender la radio como cada día para escuchar su programa favorito de las 6 de la mañana, sintió el vacío mas que nunca. Cual droga venenosa que iba poco a poco recorriendo cada rincón de su cuerpo hasta envenenarlo por completo, las fichas comenzaron a caer nuevamente...

El aguja del dial clavado perfectamente debajo del 102. La ventana de la cocina entre abierta permitiendo la invasión de una brisa congelada sobre la hornalla de la pava para el mate. La caja colorida llena de bizcochos de grasa. El reloj de pared con dibujos de sabrosos tomates rojizos. Su blusa anaranjada húmeda secándose en el radiador caliente. Y el silencio, en el ambiente y en su interior.

Miró a su alrededor. La casa estaba diferente. Había demasiados espacios vacíos. Se sentó en la banqueta de madera, envolvió sus hombros con un poncho de lana tejido a mano, y succionó vivamente la bombilla con la intención de darle calor a su garganta. Mientras el parlante anunciaba la jornada mas fría del año.

Despacio y a ritmo lento tendió las sabanas de su cama. El colchón necesitaba ser cambiado urgentemente, el profundo desnivel del centro ya le provocaba dolores lumbares. Prendió el calefón, una vez que la llama estuvo en azul perfecto, abrió la llave de agua caliente, enjuagó la pava y algunos tenedores con restos de comida. Pensó en lo agradable que seria ver salir la luz del sol invernal entre las ramas secas de los árboles urbanos, pero con ella entre sus brazos...

La radio acompañaba con melodías italianas de pianos de cola. El plumero arrasaba sin piedad las telarañas que cada noche se formaban entre los estantes del modular de la televisión. Francisca odiaba los bichos de departamentos, y era obsesivamente dedicada a la limpieza de su casa. Ahora pasaba franela por los cuadros del hall. El mas lindo era el del Coliseo Romano. Las noticias de las 7.30 no eran para nada alentadoras. Choque en panamericana y otro recorte presupuestario en las jubilaciones. Rápidamente pensó que en su Italia querida, los viejos no eran tan maltratados como en estas tierras pampeanas. Si se hubiera quedado allá tal vez las cosas serian diferentes. Tal vez hubiera concretado varios sueños…

Tomó su rosario y empezó a rezar bolilla por bolilla. Con sus ojos cerrados, Francisca ponía toda su atención en sus hermanos y sobrinos. Pensó en la venta del departamento de su cuñada, y también pidió por el encargado del edificio donde vivía que debía ser operado de ulcera estomacal. A lo lejos, la radio anunciaba 3 grados bajo cero de sensación térmica. Ahora llegaba el momento mas intenso de su plegaria.

En el foro de su habitación, abstraída del mundo, y con el cristo entre sus dedos, la mujer comenzó concentradamente su descargo. Y la recordó. Veneró nuevamente la porcelana de su piel, sus ojos hondos ardiendo de pasión, la textura de su cabello ondulado cayendo sobre sus senos desnudos, y el intenso respirar que marcaba una perfecta conexión cada vez que sus almas se encontraban.

De mujer a mujer. Un lenguaje que solo algunas pocas llegaban a entender. El sentirse tocada correctamente. Esas manos que recorrían su cuerpo entero sin agresividad, con la fogosidad perfecta, conociendo cada estímulo, y encendiendo cada impulso en el momento indicado. La suavidad de las pieles de terciopelo chocando. Sudor con aroma a flor. Ardor entre las piernas. Ternura en cada susurro. Corazones latiendo juntos. Entendimiento sin la necesidad de hablar. Mutua complicidad. Y ese secreto que jamás debía ser revelado.

Como cada día Francisca cerraba sus ojos, y en una profunda experiencia religiosa la veía venir entre la gente. Con el sol y la luna en sus manos. Con la quietud de saberse amada correspondidamente. Tal era esa sensación que, por unos instantes el dolor parecía decantar. Sus labios rojo carmesí. La anatomía femenina perfecta. Su caminar sensual y mujeril. Una danza impecable, digna de ser admirada. Los lobos aullando en cada uno de sus pasos. Una yegua entre la multitud. Una bomba sexual.

Ambas se besan sin importar el alrededor. No hay más contexto, solo ellas dos. La gente se esfuma. Almas libres. Liberadas del obsoleto y separatista pensamiento ajeno. Cuando dos almas se encuentran, el envase da igual. Se abrazan, se llenan de luz, se hablan. Son confidentes. Mejores amigas. Y amantes.

A pesar de tantísimo tiempo, Francisca no la había olvidado aún. Cuando uno envejece los recuerdos se vuelven mas intensos, y mágicamente, el miedo se pierde. El prejuicio se escurre entre las cañerías de las miradas externas y la persona se vuelve más proclive a vivir como le place. Hay historias que llegan a nuestras vidas para cambiarnos radicalmente. Para escribirse y jamás ser borradas. Para soportar las tormentas más imperiosas y aterradoras. Para burlarse del olvido y persistir intactas, pese a los años. La de Francisca era una de esas historias. Y ella lo sabía perfectamente. Lo había respirado. Había llenado sus venas y pulmones con ese néctar que hoy se volvía droga venenosa en cada rincón de su cuerpo.

La última bolilla del rosario había llegado. Francisca contempló la pared de su dormitorio aguardando que sus plegarias quedasen en buenas manos. Inmóvil en la serenidad de la mañana invernal, la radio comentaba las opciones de un nuevo crédito hipotecario para jóvenes profesionales. Solo Dios sabe en que recoveco del planeta estará ella ahora. Con sus labios rojos carmesí, con su andar tan sensual, con su pelo al viento…

jueves, 1 de julio de 2010

La dulce bienvenida, el triste adiós


Es entendernos con tan solo mirarnos. Que sepas perfectamente lo que necesito en el momento indicado, sin indagar, sin preguntar. Es conocernos más que a nosotros mismos. Es la seguridad de saberme acompañado en la tibieza del alba. Comprender que todos los amaneceres que me resten por vivir serán de ese modo. Es susurrar palabras tiernas sobre mi almohada. Es conocerme. La seguridad y confianza que me entregan tus abrazos. Es sentir en su máxima expresión. Es el acierto de habernos permitido descubrirnos. Es el sol brillando en mi ventana y en mis flores. Es llorar emoción. Felicidad. Es sentir el universo estallando dentro de mi cuando te beso. Es sentirme vivo. Respirar aire puro. Volver a mi estado más inocente. Es agua pura fluyendo hacia un océano de sensaciones profundas. Es arriesgarme en cada paso que de. Es el paso correcto. Es ver como la luna me sonríe colgando en lo alto del paraíso. Es el aullido de los lobos que no me asusta. Es perder el miedo. Es la lluvia que purifica mi corazón luego de tanta sequía. Es el vuelo perfecto entre las nubes de un cielo celeste. Con palomas blancas a mí alrededor. Es el sabor de la certeza. Es la victoria. Es regocijo. Es querer dormir menos. Y vivir más. Es elevarme. Evolucionar. Los acordes amables de un piano que recita nuestra melodía. Es sentir mi alma en plenitud. Como si estuviera muerto. Como si estuviera vivo. La dulce bienvenida.






El ocaso. Es el crepúsculo. El asumir que este momento llegaría. Es la rutina. La no pasión. La erosión del paso del tiempo sobre nuestra historia. Es suciedad. Es no poder dilucidar que hay delante del camino. Es no querer recorrerlo más. Es tenebrosidad oscura en soledad. Es derribar todo lo construido. Pérdida. Es estar perdido. Es entrar en una profunda pesadilla. Escuchar ecos en la noche. Cadenas que se arrastran. Frío. Árboles sin hojas. Tormentas sin acuarelas. Es gritar y que nadie acuda. Otro cigarrillo. Es el humo impregnado en mi piel. Es sequía. Es horror. Es una pintura sin colores. Preguntas sin respuestas. Laberinto sin salida. Confusión. Emociones que entran en estado de putrefacción. El nido vacío. Recuerdos en mi habitación. Es el salto coartado. Sabanas de satén tiradas en el suelo. Es caos. Es una nueva mancha de llanto sobre mi ropaje. Es caminar sin un rumbo fijo. Es caminar por inercia. Sobrevivir. Es abrazarme al dolor. Una historia sin final. Cementerio de memorias. Heridas que no cicatrizan. Plegarias no pronunciadas. Es ceguera. Es pagar un precio caro. Es conformismo. Subirse a un tren oscuro que rueda entre las montañas sombrías de valles deshabitados. Es sentir mi alma en decadencia. Como si estuviera muerto. Como si estuviera vivo. El triste adiós.

viernes, 4 de junio de 2010

Queme tu fotografía


Lo que para mi era tan fácil de comprender, para vos era imposible. Perdimos el rumbo como pájaros ciegos buscando su bandada. Vos hacia el norte, yo hacia el sur. En la frialdad del crepúsculo invernal, por fin comprendo la distancia que nos aparta. Bajan mis defensas mientras observo cómo el azúcar se diluye entre las hierbas del te casero. Mis ojos danzando al movimiento de la cucharita que viene y va, en un ritual circular que pareciera no acabar. Y el aroma a boldo serrano emanando de la taza de porcelana me sensibiliza hasta hacerme caer una lágrima.

Ya no queda ninguna pertenencia tuya acá. Aire renovado, pero helado…

Tu figura en cada hueco de mi casa. Te veo pasar y desvanecerte entre las cortinas. El perfume de tu piel adosado a mis narices donde sea que vaya. Tu canción favorita en el parlante. El sonido de tu caminar tan particular me desespera…

Abstracciones perversas, ojala desaparezcan pronto…

El conjuro de un amor que jamás llegó a buen puerto. Un camino que intentamos recorrer juntos, pero terminó tornándose interminable. Una rosa en la adversidad que muere de tristeza. Y una película…nuestra película, que no presentó final feliz. Me quedo sentado contemplando el suelo sin noción del tiempo. El boldo se enfría en mis manos.

No siempre lo que queremos es lo que necesitamos en realidad…

Cuando las cosas salen del alma, van hacia el alma. Los besos no deben ser un compromiso, acrisolan demasiadas emociones. Si las miradas ya no se encuentran, no queda mucho por hacer. De rodillas frente al portarretratos, le tomo fuertemente la mano a la resignación. Y asumo que a partir de ahora mi vida muta considerablemente. Aprendo, entre otras cosas, a no volver a confiar en la eternidad. No estamos diseñados para pensar o sentir lo infinito. Lo que creía eterno, hoy solo era cómplice de algún que otro recuerdo placentero.

Fósforo en mano, las ganas de sacarte por siempre de acá. Y liberarme…

Quemo tu fotografía, el humo denso y oscuro se desvanece en el ambiente. Se va consumiendo…segundo a segundo… huele a infierno. Tu rostro devorado por las llamas potentes e infernales de un fuego rebelde que se apodera de cada detalle de la imagen. Los recuerdos también queman. Me quema el alma. Destellos de lo que fuimos alguna vez.

Silencio absoluto. Hacia mucho que necesitaba concebir el silencio…


El boldo esta congelado ya.

jueves, 27 de mayo de 2010

Prado de verano



Quisiera contarte una infidencia. Algo que muy poca gente sabe de mí. Quiero contártelo… Hay un prado de verano, donde suelo ir a jugar. Quisiera que vengas. El verde intenso y la verdadera verdad pasean en su silueta. Si vienes conmigo lo podrás comprobar. Te quitaría los zapatos y andaríamos descalzos para sentir la aspereza del pasto vivo. Y como un rompecabezas ideal, nuestros brazos abiertos encajarían perfectamente para convertirnos en una sola pieza.

Mis ropajes lucen mas coloridos que nunca. Y mi cabello en el sol se siente impecable. No más complejos. Quisiera que vengas. Bailaríamos dulces acordes debajo de un ancho y estrecho cielo celeste. Hasta perdernos en nuestras miradas. Luego podrías apoyar tu cabeza sobre mi pecho hasta dormirte. Yo te cuidaría mientras le rogaria al sol por un brillo interminable. Solo en ese entonces podría asegurarte que tendría todo lo que alguna vez anhele. La calidez y la quietud de sabernos en el paraíso.

Los niños cantan alrededor de las aves. Conocerías el horizonte. Aquella línea inalcanzable que une el paraíso con la tierra. Allí donde el sol sale, se esconde y los cielos cambian su tonalidad. Sentiríamos la brisa de un viento gentil sobre el vello de nuestros cuerpos acariciarnos tiernamente. Y el aroma del rocío sobre la tierra mojada. Quisiera que vengas.

Las flores son más bellas que en ningún otro lado. En perfecto equilibrio con tu sonrisa. Te regalaría el ramo más precioso. Quisiera que vengas. Las rosas no tienen espinas y los pétalos se abren con cada sonido de la naturaleza. Las abejas van por su néctar en una danza sin igual. Si creías conocerlo todo…déjame sorprenderte solo una vez. Hay un prado de verano, donde suelo ir a jugar. Quisiera que vengas. Quisiera que vengas.
Quisiera que vengas…

viernes, 9 de abril de 2010

Ser



Ver amanecer el sol en el horizonte desde la playa. Contar las estrellas que cuelgan en el cielo. Dormir boca arriba tirado en un prado. Ver atardecer desde algún valle perdido en el tiempo. Sentir el viento del mar acariciando mi cara. Dejar que la vida me despeine. Pararme en el edificio mas alto de la ciudad y observar todo desde arriba sintiéndome tan insignificante. Contemplar el silencio. Encontrarme en mis silencios. Descubrirme en mi intimidad. Abstraerme del trafico de la cuidad. Sonreír más seguido. Permitirme llorar. Usar sombreros. Vestir ropa colorida. Regar las plantas de mi balcón. Verlas crecer. Hablarles, ellas también escuchan. Esperar la primavera para verlas florecer. Andar en bicicleta. Por la cuidad burlando a los autos. Por el bosque respirando aire puro. Tomarme vacaciones. Caminar sin rumbo fijo. Dejarme llevar. No pensarlo demasiado. Mirarme en el espejo. Bienvenida alguna arruga. Disfrutar de un te caliente en pleno invierno. Ver llover desde mi ventana. Salir a correr bajo la lluvia. Mojarme. Dormir hasta tarde un domingo lluvioso y gris. Bailar como loco. Cantar a lo alto. Saltar de alegría. Deprimirme si así lo siento. Decir adiós. Odiar una nueva despedida. Tener fe. Escuchar música bien alto. Recordar la canción que me acompaño en aquella historia de amor. Ver como lo pájaros vuelan entre las copas de los árboles vacíos de otoño. Mirar como cae el sol en invierno. Tocar nieve. Tocar arena. Esperar por una buena noticia. Hablar por teléfono con amigos. Reunirme con ellos. Escucharlos más y reprocharles menos. Abrazar a los míos. Abrazarme a mi mismo. Soñar con pureza. Actuar con honestidad. Mirar a los ojos. Ver nacer a alguien. Ver morir también. Entender que nada dura para siempre. Hablar en voz alta. Hablarle a Dios. Creer que nos escucha. Pedir en mis plegarias. Pensar en los demás. Ayudar. Ser más solidario. Acariciar a mi mascota. Malcriar a los más chiquitos. Comprar regalos. Compartir mis cosas. Escribir. Tomarme mis tiempos. Atesorar recuerdos. Guardar fotos viejas. Sacarme fotos nuevas. Cambiar de peinado. Contar las estrellas que cuelgan en el cielo pero con alguien al lado. Pedir deseos. Volver a besar. Entregarme sin pensar en las consecuencias. Enamorarme. Sentir luz. Sentirme vivo. Sentirme muerto. Valorar lo que tengo. Alegrarme del logro ajeno. No desear el mal. Todo vuelve. Aprender a esperar. Tolerancia. Actuar acorde a como siento. Pelear por lo que pienso. Indignarme frente a la injusticia. Saber lo que es tener hambre. No prometer si no voy a cumplirlo. Seguir trabajando. Llegar lejos. Respetar los valores. Ganar plata. Poner una fundación. Comprarme una cabaña a orillas de un lago. Engordar. Comer más chocolate. Emborracharme alguna vez. Abrir mi mente. Ser libre como un ave. Contemplar el silencio pero con alguien al lado. Alegrarme. Enojarme. Saber perdonar. Aprender a salir ileso del daño ajeno. Usar reloj. Tirarlo cuando me canse de pender del tiempo. Cerrar mis ojos. Aprender a mirar más hacia adentro. Descubrir el lado interno de los demás. Contar un secreto. Confiar un secreto. Emocionarme por una canción. Dejarlo fluir. Dejarlo ser. Caminar descalzo. Leer más. Levantarme temprano. Acostarme bien tarde. Dedicar una canción. Sorprenderme. Dejar que la vida me sorprenda. Ver crecer a alguien. Potenciar el niño que vive dentro de mí. Ver triunfar a los míos. Aprender de mis fracasos. Usar perfumes bien dulces. Comer más dulces. Nadar desnudo. Aceptarme como soy. Ir a fiestas. Conocer mucha gente y sus historias. Viajar. Encontrar mi lugar en el mundo. Sentir el latido de mi corazón. Hacer una fogata con amigos. Buscar alguna estrella fugaz. Esperar el arco iris después de la tormenta. Contar sus colores. Maravillarme. Respirar profundo. Amarte. Llorarte. Ser quien soy verdaderamente. Dejar el mejor recuerdo en la gente. Reencontrarme con viejos amigos. Aceptar el paso del tiempo. Recordarte siempre. Aceptar los cambios. Ser desapegado. Tener coraje de decidir por mi propia cuenta. Saber decir que no. Saber decir que no mirando a los ojos. Entender que aquí solo estoy de paso. Dormir abrazados. Soñar despierto. Volver a enamorarme. Comprometerme. Tener palabra. Dejar partir. Dejarme ir. Irme en paz cuando me toque.

sábado, 13 de febrero de 2010

Mi verdadero hogar




Estoy yendo de regreso a mi verdadero hogar, modificando por completo la dirección en la que voy. Mi manera de ver el mundo esta cambiando su concepción. Luego de tantos años sin vernos, dudo si te reconoceré. ¿Seguirás siendo mi amigo?

Supe cuando te abandone que estaríamos un tiempo sin hablar. Yo me aleje dirigiéndome a mi excéntrico mundo colmado de egoísmo y superficilidad. No te interpusiste, me diste la libertad y el amor de dejarme por mi propia cuenta. Dios mío, realmente te extrañaba. Es triste vivir la vida sin tu sonrisa.

Estoy yendo de regreso a mi verdadero hogar, corriendo el riesgo de que muchos no me entiendan y se enojen. Tengo miedo…ha pasado tanto tiempo que me cuesta imaginar lo que pueda llegar a encontrar. No es difícil, solo tengo que intentar escuchar la percepción de mi corazón, cerrar mis ojos y dejarme llevar hacia donde soplan los vientos...

Todavía siento la lección que me diste, cuando vivía tan alejado. Rodeado de gente pero en soledad extrema. Sin un rumbo fijo, sin un pensamiento trascendental. Logré escuchar mi voz interior diciéndome que el morir injustamente fue parte de tu vida, y eso me partió en mil pedazos, y como un puñal, parece ahora atravesarme por completo. ¿Cómo es que no me di cuenta antes?

Estoy yendo de regreso a mi verdadero hogar, buscando una respuesta para mi alma, la única, la verdadera. Con el llanto sobre mi mejilla, tomo el camino hacia la luz. Si pudiste realizar el milagro de cambiar el agua por el vino, confío en que puedas hacer lo mismo con mis lágrimas. Tus brazos siempre han estado abiertos, Dios, prometo no apartarme nunca más. Estoy arrepentido pero absolutamente seguro de volver a vos, a mi verdadero hogar…

miércoles, 20 de enero de 2010

Permitido ilusionarse




Como siempre, solo. Con la atención puesta en quien sabe donde… La luces de la disco contrastando con la oscuridad, y el humo de cigarrillo impregnado en mis hombros, imposible no sentirlo. Parado a un costado de la barra, sintiéndome un verdadero extraño dentro de ese ambiente en el cual las miradas y el deseo chocan continuamente estableciendo una línea de seducción que todavía no logro incorporar. La gente bailando en multitud al son de la música, con movimientos bruscos y hasta exagerados, como si el baile fuera parte de un ritual que implicara una especie de liberación mágica. Todos recurren al mismo paso, haciendo una excelente apología de la impersonalidad. En seguida pienso que las personas que habitamos este mundo vestimos represión e instinto. Dos sensaciones tan opuestas que no logro comprender como pueden articularse dentro de un mismo cuerpo sin hacerlo estallar.

Un trago más, fuego que alimenta mi garganta. Se potencian las ganas de descargar mi libido sexual con un beso intenso. No importa mucho como se llame, o que edad tenga. Siento escalofrío. Comienzo a comprender de qué se trata todo esto. Ingreso al circuito. Ya no hay mas personas, la imagen se desvirtúa. Son solo bocas, torsos y cinturas que quiero tocar, que necesito rozar y acariciar. Pasan por entre mis piernas, van y vienen de un lado a otro. Todos buscando lo mismo, ese néctar que te conecta con la parte más sagrada de la pasión, y que hace que la sangre fluya por todo el cuerpo hasta hacerlo estremecer. Soy uno más de ellos ahora.

Me empapo de tanta música. Mi cuerpo se mueve como si nadie estuviera alrededor. La noche es mi aliada. Tantas sensaciones pasan por la retina de mis ojos como si fuera una película. Levanto los brazos y puedo alcanzar lo que quiero. Giro la cabeza, entre todas las miradas que me rodean y me invaden, algunas tristes, otras intimidantes, por fin encuentro la mirada que sacia mi piel y acelera mi pulso cardíaco…

Tan profunda como el océano y penetrante como un dardo en medio de mi pecho, acudí a ese llamado sin dudar. Taquicardia. Un destello en mi interior. Por fin tus ojos y los míos, colapsan. Todo lo que hay alrededor simplemente, se esfuma. Solo quedan nuestras miradas bailando al filo de la noche, reflejando aquellas emociones que tanto cuesta explicitar, inclusive las encubiertas en el recoveco más profundo de nuestro ser.

Ahora que te veo, entiendo todo. Comprendo que hay una fuerza mayor que establece que las personas estemos en el lugar y en el momento indicado siempre, aunque a veces cueste tanto esfuerzo creerlo. No hables si me fundo en tu boca, por favor…

Luces robóticas que cegan, escalones fosforescentes que indican el camino, dinámicos parlantes emitiendo las melodías que no paran de rebotar en nuestros oídos, jarras de cerveza que invitan a la extroversión en la cual todo vale, perfume en el aire que potencia las hormonas, y escotes y músculos que insinúan excesivo encanto. Los condimentos ideales para una noche como esta, donde todo pareciera estar permitido, inclusive ilusionarse.

domingo, 17 de enero de 2010

El señor de las estrellas





Las tres de la mañana en verano no es lo mismo que en invierno. Cuando el clima es caluroso y húmedo, pareciera ser que el cielo esta más cercano a las personas. Y por ende las estrellas. Una atmosfera de alegría se percibe en el aire pegajoso…más aun cuando uno tiene la posibilidad de mirar todo desde tan arriba, pensaba Don Genaro mientras muy cautelosamente acomodaba el visor de su telescopio en dirección noreste.

La copa de los árboles verdes, frondosos y fuertes marchando al son del ritmo suave pero preciso del aire veraniego. El color del cielo en sus diversos tonos azulados sobre el asfalto ardiente en la quietud del silencio nocturno, y el reflejo de la luz de la luna arropando el descanso bien merecido de los edificios luego de haber soportado otra sacrificada jornada de penetrante e intenso calor de la cuidad en pleno enero.

Otra pitada de cigarrillo importado a la boca de Genaro, y un sorbo de vino blanco bien helado para salar el paladar. El condimento perfecto para una noche que parecería ser bastante prometedora. Décimo octavo piso del edificio más alto del barrio, cielo absolutamente despejado, nadie alrededor, y la coordenada horaria indicada. Era, tan solo cuestión de extender las manos poco más de lo normal, y uno podía tener la sensación de tocar las estrellas con la yema de los dedos, como pocas veces sucedía.

En el barrio los llamaban “el loco de las estrellas”. Se entretenía todo el tiempo mirando hacia arriba, inclusive durante el día, como si estuviera buscando algo. Con su andar apacible y sereno, se paseaba por las calles del vecindario mirando a lo alto, con un cierto deje de melancolía en el brillo de sus ojos. Iba y venia de un lado al otro, con su soledad a cuestas, y abstraído por completo de la realidad.

Mientras el constante tic-tac del reloj francés amagaba con interrumpir la concentración del anciano, el calor comenzaba a hacerse sentir con intensidad sobre su frente. Otra gota más de transpiración que cae al suelo. Otra estrella más que Genaro descartaba. Ya había pasado casi una década desde que su amada esposa había decidido partir, pero el hombre insistía con poder ubicar la estrella que la albergaba. Sabia que era como buscar una aguja en un pajar, aunque jamás desistía en sus continuos intentos. Se había trasformado en su obsesión. Para lo único que viviría sería para hallar de una vez por todas, ese astro alejado en la enormidad del cielo, donde su amor lo aguardaba en silencio y paz.

Y nuevamente la repetición de aquella fotografía de su adorable infancia se le venía a la mente. La imagen de su padre, días antes de morir, recordándole que lo cuidaría eternamente desde la estrella más luminosa. Nunca olvidaría aquel relato. Todavía podía escuchar el tono grave de aquella voz debilitada por los medicamentos: “Te preguntarás porque hay tantas…pero cada una de las estrellas, hijo mío, representa el hogar de aquellos seres amados a los cuales les ha llegado la hora de partir de esta vida cruel. Solo es cuestión de sentirlo, mirar hacia arriba y ver en cual de todas reposan. Cada persona que fallece es una nueva estrella danzando alrededor de la luna. Por esa razón, el imperio celestial es sagrado e inmenso, nunca lo ignores...”.

Aquel sábado, luego del entierro, Genarito se encerró en el altillo, y esperó pegado a la ventana, en puntitas de pie, que con la caída del sol su padre lo saludara desde su nuevo hogar. Pasaron los años y la búsqueda aun continuaba…

Su único compañero era el telescopio ahora. Era el barco que le permitía naufragar en la profundidad del cielo. Cada noche un nuevo encuentro místico. Con el objetivo de lograr entenderlo, descifrarlo.





Ni bien los primeros rayos de sol amenazaron con desdibujar la silueta estrellada del cielo nocturno, Genaro se recostó con la esperanza de que la próxima noche fuera más alentadora. Con el torso descubierto y el ventilador de techo dándole una pizca de alivio a semejante temperatura, hizo una respiración profunda y cerró los ojos nuevamente.

Las 6 .15 horas. La luz de la mañana penetra entre las ranuras de la persiana americana del dormitorio. Un cielo lila se abre en el horizonte, algunas nubes rebeldes a lo lejos, las primeras bandadas de pájaros entre los cables de los postes de luz, y por supuesto, ya ninguna estrella en el cielo. Los muertos duermen. Don Genaro también.